Diario IV

El Amor vive en la constancia
y tú vives en el Amor.
Y cuando renacen las sonrisas
el Sol es mío de nuevo,
y las canciones se llenan de antiguos códigos.
Y Tú eres la Esperanza,
aquella que duerme en mi sepulcro,
aquella que me dejó a mi Ventura.

¿Acaso tú narras la Verdad?
¿Acaso existe alguna Verdad?
La Verdad del Amor perdido en el delito,
del Amor fugado en la mala fortuna,
en toda esta crueldad.

¿Son estos destellos reales visiones?
¿Son impulsos de Vida?
¿Renacimiento? ¿Regalos?
¿Una consolación condicionada?
Incluso, una prueba.
Dime la Verdad, aquella que se ha perdido.
Dame la Luz de un corazón constante.
Hazme real. Real en mi quebrantada Realidad.
Déjame vivir. Romper el molde de piedra
que en protección creé a la semejanza del débil corazón.
¿Soy real? No escucho mi respuesta.
No escucho mis palabras.
Y tu calidez se acerca, sin piedad,
sin consideración de mi luto.
Sin guardar silencio ante mi Lecho
y haciendo insoportable aún más este Silencio.

¿Acaso soy real? ¿Me convertirás?
A la Luz de la Mañana ya no habrá llanto
ya que mi tristeza será consumida
por la calidez que no se busca y es encontrada.
Parte antes de la Mañana.
Antes de mi incivilizado suspiro.
Antes que los delitos sean perdonados.
Antes que la Sonrisa cobre Vida.
Antes de que yo parta.
Antes de siquiera invocar tu Nombre.

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